Esta semana santa nos encuentra con uno menos en la familia: Jens.
Esa
pequeña bestia, de pelaje gris perfecto, tiernos ojos celestes y 90
kilos de amor puro, que llegó a la familia hace diez años siendo un
cachorrón gigante, finalmente se hizo viejito.
Esas
patonas que supieron dejarme rayones de cariño le empezaron a pesar.
Ya no tenía ni fuerzas ni ganas para salir corriendo a recibirte y
ladrar masticándose los mofletes que cada vez le colgaban más. Todos
vamos a extrañar esos cordones de baba que tanto puteamos cuando sacudía
la cabeza y quedaban pegados a la pared o que simplemente te estampaba
en la ropa cuando se acercaba a refregar su cuerpazo mimoso. El mismo perrazo que
metía miedo con su tamaño pero por dentro era una fábrica de dulce de
leche y que exigía mimos subiéndose a la silla, el miércoles pasado me
esperó tirado en su camita, con los ojitos tristes
y cansados. Después de varios mimos y mocos, me levantó apenas la
cabeza para que le hiciera más mimos, como si me concediera un ratito
más para despedirme de él. Y obviamente esa última porción de mimos fue
doble, y triple también, con una guarnición de lágrimas y mocos que le
dejé tatuados en su cabezota porque el temporal del miércoles para mi era todo mío.
La
mascota en una familia es mucho más que un simple animalito. Es como un
parque de diversiones al que pueden entrar todos. ¿Quién no se divierte
mirando las boludeces que hacen? ¿Quién no se ha gastado un rollo de
fotos en su perro? Los más modernos le hacen un álbum y hasta un perfil
en Facebook. De este rescaté algunas escaneadas y otras digitales que encontré por ahí. La mascota de la casa es una fuente inagotable de amor
porque no distingue de una u otra persona, puede que tengan un preferido
pero amor, hay para todos. Esta hermosura, además de amor regalaba
toneladas de baba jajaja. En casa teníamos el "trapo de Jens" con el que
lo acicalábamos cuando su profusión babosística era excesiva. Fue el primer perro con servicio de "servilleta" constante y el segundo mejor amigo de la familia Medrano.

Gordito
hermoso, pichón de mamut, te quise mucho y voy a extrañar ese "guf
guf" cada vez que vaya a casa. Lamento no haberte hecho más mimos porque
sé que te los merecías. Espero que la estés pasando bomba donde sea que
estés, que te haya recibido una esbelta galgo (sí, le gustaban
las flaquitas) y que te deje babearla toda!.
Mandale saludos a Buncho, seguro que se hacen amigos y nos pueden sacar el cuero a todos jaja Porque estoy segura de que no existe un ser humano que merezca tanto y uds dos nos dieron mucho amor y compañía a los cinco.
Mandale saludos a Buncho, seguro que se hacen amigos y nos pueden sacar el cuero a todos jaja Porque estoy segura de que no existe un ser humano que merezca tanto y uds dos nos dieron mucho amor y compañía a los cinco.
