abril 07, 2012

Amores perros

Esta semana santa nos encuentra con uno menos en la familia: Jens.
Esa pequeña bestia, de pelaje gris perfecto, tiernos ojos celestes y 90 kilos de amor puro, que llegó a la familia hace diez años siendo un cachorrón gigante, finalmente se hizo viejito. 
Esas patonas que supieron dejarme rayones de cariño le empezaron a pesar. Ya no tenía ni fuerzas ni ganas para salir corriendo a recibirte y ladrar masticándose los mofletes que cada vez le colgaban más. Todos vamos a extrañar esos cordones de baba que tanto puteamos cuando sacudía la cabeza y quedaban pegados a la pared o que simplemente te estampaba en la ropa cuando se acercaba a refregar su cuerpazo mimoso. El mismo perrazo  que metía miedo con su tamaño pero por dentro era una fábrica de dulce de leche y que exigía mimos subiéndose a la silla, el miércoles pasado me esperó tirado en su camita, con los ojitos tristes y cansados. Después de varios mimos y mocos, me levantó apenas la cabeza para que le hiciera más mimos, como si me concediera un ratito más para despedirme de él. Y obviamente esa última porción de mimos fue doble, y triple también, con una guarnición de lágrimas y mocos que le dejé tatuados en su cabezota porque el temporal del miércoles para mi era todo mío.
La mascota en una familia es mucho más que un simple animalito. Es como un parque de diversiones al que pueden entrar todos. ¿Quién no se divierte mirando las boludeces que hacen? ¿Quién no se ha gastado un rollo de fotos en su perro? Los más modernos le hacen un álbum y hasta un perfil en Facebook. De este rescaté algunas escaneadas y otras digitales que encontré por ahí. La mascota de la casa es una fuente inagotable de amor porque no distingue de una u otra persona, puede que tengan un preferido pero amor, hay para todos. Esta hermosura, además de amor regalaba toneladas de baba jajaja. En casa teníamos el "trapo de Jens" con el que lo acicalábamos cuando su profusión babosística era excesiva. Fue el primer perro con servicio de "servilleta" constante y el segundo mejor amigo de la familia Medrano.





Gordito hermoso, pichón de mamut, te quise mucho y voy a extrañar ese "guf guf" cada vez que vaya a casa. Lamento no haberte hecho más mimos porque sé que te los merecías. Espero que la estés pasando bomba donde sea que estés, que te haya recibido una esbelta galgo (sí, le gustaban las flaquitas) y que te deje babearla toda!. 
Mandale saludos a Buncho, seguro que se hacen amigos y nos pueden sacar el cuero a todos jaja Porque estoy segura de que no existe un ser humano que merezca tanto y uds dos nos dieron mucho amor y compañía a los cinco.
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