Por más buena voluntad que le pusiera, los procesos van a su ritmo así que mientras las fotos se subían a Picasa, yo iba organizando la valija pequeña, puse a lavar las sábanas de la flaca que me alquiló la habitación, desayuné, me bañé, seleccioné y descarté folletos y revistas que me iban a pesar en la valija y partí raudamente hacia Waterloo station, tren a Hook, su ruta. Como no llegué al tren que acababa de irse, me tuve que tomar otro y bajar en la mitad para combinar con el de Hook. Llegué a las 12, con el sol en la nuca, caminé a los pedos hacia Lenovo, le dejé la máquina a David y salí disparada.
Pasé por el Tesco, me compré un potecito de ensalada con boquerones y aceitunas, una coca y unas frutas y me senté en la estación a esperar el fucking tren, que venía 13:30hs.
Puteando me subí al tren, sabía que iba a llegar tarde a la casa, me faltaba terminar la valija, lavar las toallas y llegar a tomar el bus para el aeropuerto. De repente giré la cabeza sin más intención que mirar por la ventanilla y ahí estaba él, solito, prolijo y olvidado en el asiento de la fila de enfrente. Me acerqué y me le senté encima. Cuando corroboré que estábamos solos, lo tomé entre mis manos, lo acaricié y me lo llevé, "vení negrito, vení con mami". Así nos conocimos mi Blackberry y yo jajajajaja. INCREÍBLE. Instantáneamente me acordé de chu, que me había dicho: andá mirando el suelo negrita, seguro te encontrás algo! jajajaa Por un segundo me dio pena la persona que lo perdió, estaba nuevo! Por un segundo literal, obvio, porque en un abrir y cerrar de ojos lo apagué y lo guardé y no lo prendí hasta que llegué a Ibiza. Le había prometido un celu a mi negrito, ¿qué mejor que otro negrito último modelo?
Llegué a las 16hs a la casa, puse a lavar las toallas y terminé de armar la valijita, que fue un quilombo realmente. El lavarropas no terminaba, me puse a vaciar la heladera para dejarle las cosas a Mati junto con la bici, que había quedado en dejarla en la puerta para que la pase a buscar. Las valijas pesaban 200 toneladas cada una, transpiré más que en toda la semana de combate cuando las bajé por la escalera. Saqué la bici, le dejé una nota a mati, terminé de revisar la habitación para no olvidarme de nada y el lavarropas seguía con las malditas toallas. Finalmente terminó, las colgué y salí, tiré la llave por el agujero del buzón y partí por Finchley hacia la parada del colectivo. Eran las 18hs. Llegue a la parada a las 18:20, el colectivo llegó 18:26, subí las valijas al buche, con el consecuente dolor de cintura, y cuando fui a pagar eran 16 libras, no 15 como decía la página, no aceptaba tarjeta y yo tenía la guita justa así que el señor no me quiso llevar, menos que menos esperar que fuera al cajero. Bajé mis valijas, ya derretida porque ese día fue el más caluroso de toda mi estadía en Londres, y me quedé ahí en la parada, anonadada de mi suerte con el transporte. Corrí media cuadra con las dos valijas hasta el cajero, saqué plata y esperé el de las 19hs, que me dejó en la puerta del aeropuerto 19:50, apenas 20 minutos antes de que me cerraran el check in. Mi valija tenía sobrepeso, tuve que tirar cosas y el muchacho se apiadó de mi y me cobró un par de kilos menos.
Con 6hs de sueño en los últimos dos días y todo lo que corrí y traspiré, era un trapo de piso, realmente daba pena y no había forma de mejorar mi cara de muerta. No llegué ni a comprarme una coca en el aeropuerto porque llegué con el tiempo justo para subir. El avión iba repleto de gente excitada, parecía el bondi de un viaje de egresados. Nenes en pedo, nenas rubias de risita histérica, gatos viejos, un par de drogones que se la pasaban yendo y viniendo al baño. Por suerte el servicio de bar incluía cafecito, mi propia droga.
Llegué a Ibiza tipo 1am, tuve que abrir la valija para sacar mis euros porque me olvidé de ponerlos a mano. Me tomé un taxi, llegué a lo del nene, me duché, Dolo me hizo unos sanguchitos y salimos para Pachá, donde estuvimos un ratito nomás, no sé cómo estaba todavía en pie. Dormí como una chancha desparramada en el sillón del nene hasta el mediodía del miércoles. Ibamos a ir a la playa pero los amigos del nene cambiaron los planes, lo cual a mi hermanito lo estufó sobremanera y su cara no lo disimulaba para nada jajajaja. Terminamos comiendo como cerditos en un restaurant y después nos fuimos a caminar por el centro, volvimos al depto, los chicos se durmieron una siesta y yo me fui a la pile del edificio, a descrifrar el blackberry jaja y a hacer nada de nada por primera vez en varios días:).
A la noche comimos algo, Eugenio se fue a laburar y con Dolo nos fuimos a caminar por la ciudad, donde empieza toda la previa para los boliches, las calles se llenan de gente, los bares explotan, hay puestitos de feria por todos lados y además la noche estaba espectacular. Nos colgamos hablando con una señora argentina que vive allá hace 35 años. En realidad ella se nos colgó a hablar jajaja se ve que tenía nostalgia. Volvimos y me puse a rearmar valijas, la pobre chica presenció en vivo y en directo el quilombo mayúsculo que hice tratando de equilibrar el temita del peso. Le enchufé todas las cremas y maquillajes que me sobraban. Me dormí a las 7am, un toque antes de que llegara el nene de laburar. A las 11am me levanté y salí disparada para el centro, a comprar unos recuerditos que me habían gustado y le regalé al nene una taza de Ibiza jaja parece una boludez pero el chico tiene una sola taza en su casa, así que fue lo único que se me ocurrió que le podía ser útil. Quería regalarle algo para agradecerle la estadía pero cuando le di un relojito loco que compré en Londres, su cara me dijo claramente que no se lo iba a poner nunca, así que improvisé con la tacita a último momento. A las 13hs volví, los desperté para saludarlos y rajé, estuve media hora esperando el taxi en la esquina al rayo del sol pero llegué bien. Almorcé una hamburguesa con gusto a chorizo en el Henry Beans del aeropuerto y volé a Madrid, mi última escala en Europa.
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