agosto 14, 2011

Ibiza-Madrid-Buenos Aires

Volé desde Ibiza a Madrid el jueves 4 de agosto, pasadas las 3pm, porque el vuelo se demoró. Hasta que llegué, bajé del avión, agarré las valijas y las fui a dejar dentro de un locker en la terminal 1,  caminé un buen rato hasta la estación de metro y llegué a la Gran Vía, se hicieron las 7pm.
Madrid resplandecía, había mucha gente pululando y mucho sol. Es como llegar a casa porque a pesar de ser distinta es muy familiar.  Caminé con cara de perdida buscando el local de Sephora, donde las chicas me habían encargado cositas de maquillaje y lo encontré al toque, ¡por suerte! Porque una vez que entrás no sabés cómo salís. Con una bolsita, seguro. Me atendió un rubiecito que era una nena, divino él me llevó al stand donde tenía que comprar las cosas para Roms y le enchufé la lista a la chica porque yo no cazo un fulbo y no quería agarrar cualquier cosa. Me perdí en ese laberinto de marcas de maquillaje, esmaltes y accesorios locos para hacer de tu cara una "monet". Y el rubiecito divino me vio babeando arriba de unos esmaltes franceses y me llevó a la góndola de esmaltes de Sephora, los mismos colores espectaculares y un par de euros más baratos. Se viene con todo el amarillo, te cuento. Me mostró unos apliques para las uñas y me dijo que si los compraba me los ponían ahí gratis. Ahhhh la puta que lo parió!!! Era Mefistófeles ese guacho, ¡llevándome directo al infierno!!! Me miré las uñas, eran un asco, una rota, el esmalte que me habia puesto en el Tower Bridge ya casi borrado, la chica iba a tener mucho laburo conmigo y ya eran las 8, todavía me faltaba conseguir un celu para Chu, todo cerraba a las 10pm, o sea, mirá el esfuerzo que hice que fui, pagué y me escapé de las llamas del infierno. 
Después de recorrer varias tiendas de celulares, incluyendo un vuelo rasante por el Corte Inglés, encontré que lo único liberado que me vendían era caro y pedorro, así que desistí. Chucho se conformará con la blackberry torch que me encontré en el tren? jijiji
Seguí caminando, siguiendo a la manada de gente por las callecitas perpendiculares a la Gran Vía, mucha gente, todas las marcas de ropa y hasta una protesta por las víctimas del franquismo en la estación Callao. Hacía mucho calor, la mochila me había tatuado el vestidito en el zobaco y ya estaban cerrando todos los negocios así que me fui a buscar donde dormir, con un frapuccino en la mano (necesitaba cafeína y combatir el calor). Después de declinar los 80 euros que me pidieron en un par de hoteles 3 estrellas, opté por los hostales de las callecitas internas, porque recordaba que cuando estuve ahi la primera vez, paré en un hostal lindo y barato. Me encontré con el de María Cristina, sobre una calle llena de primeras marcas y dentro de un edificio antiguo que a simple vista parecìa pedorro pero por dentro estaba todo hecho a nuevo, tenía tele, aire y una ducha maravillosa así que ahí me quedé. Me bañé, me pinté las uñas con mi esmalte verde de sephora, me calcé el vestidito rojo y la bandolera amarilla (en honor a la madre patria) y salí de nuevo a las 12 de la noche, a patear un poquito más. Caminé por la calle del hostal para el otro lado, donde descubrí un montón de bares y lugares para comer, mucha gente dando vueltas, doblé por una avenida, me conecté a internet y chequeé google maps para ubicarme donde estaba. Me tomé un subte y me fui al Parque del Retiro. No me animé a entrar sola de noche, no tengo idea cómo está Madrid en aspectos de seguridad pero preferí seguir caminando por la avenida que estaba bien poblada. Pasé por la Puerta de Alcalá, pispeé por las rejas el jardín de los recoletos, retomé la Gran Vía y como vi que la gente se metía por las calles internas los seguí. La cantidad de bares llenos de chicos bellos sin la compañía de ninguna fémina me ubicó en el mapa: estaba en Chueca, el barrio gay. Mucha gente, muchos lugares lindos, muy copado. Caminé un par de cuadras por ahí y volví a la Gran Vía, donde con unos pasitos ya llegué a Fuencarral, la calle de mi hostal, ahora habitada por algunos travestis almodovarianos acodados en algunas esquinas. Digo almodovarianos porque tenían bastante más producción que los travesti bajo presupuesto que tenemos acá en Corrientes. Se ve que el hostal también era parte de Chueca:) 
Me conseguí algo para comer y volví. Me miré un especial de Rafaela Carrá en gallego, bizarro, y me dormí tipo 3am. 

A las 7am amanecí para volver al aeropuerto, agarrar las valijas, tomar el bus a la otra terminal, hacer check in en Iberia, pagar sobrepeso, bajar doscientas escaleras, tomar el trencito a las salas de embarque, comprar perfumes en el freeshop, gastarme las monedas en chucherías y esperar que abrieran el avión y me dejaran embarcar, porque estaba en la fila 27 y arrancaron desde la 30 para arriba. 
Todo esto ejercitando la paciencia porque cuando ya se te acabó el viaje lo único que querés es teletransportarte y aparecer en tu casa pero volar es un gran trámite administrativo con muchos cartelitos e indicaciones para seguir. El trayecto que hace el avión hacia la pista es interminable, tanto que parece un bondi en hora pico y casi me quedo dormida en el despegue. Era obvio en un aeropuerto donde para buscar la valija te tenés que tomar un tren y para cambiar de terminal te tenés que tomar un bus, Barajas es un chinchón que no se termina más. El señor capitán nos avisó que estábamos quintos para despegar así que me pegué una mini siesta y me desperté con el despegue. Esta vez no se movió el techo como en el vuelo de ida, ni hubo madres con ataques de llanto por culpa de hijas adolescentes transtornadas.
La flaca que tenía al lado era copada, una pediatra de casa cuna. Atrás teníamos a un chetito pelotudo que no comía carne y los de Iberia no le tomaron el pedido de la comida. Al principio me dio pena, la verdad, pero cuando se puso denso porque le pareció cool decir constantemente que no comía carne, me empezó a caer mal. Odio la gente que se hace la especial en voz alta. Con la pediatra nos mirábamos con cara de "chetos, qué querés". Iba con la hermana creo, no sé, eran parecidos, ella tenía mucha cara de "zofi". Y se hicieron amigos de la de al lado, otra rubia cheta a la que le tuve que decir "ya me corro" cuando casi me atropella con su valijita mientras guardaba mi mochila, que la guardé en medio segundo pero la chica era visiblemente muy pelotuda. Había una mina con un bebé que lloró todo el viaje, pobrecito, uno no llora porque es grande pero la verdad que las 12 hs arriba del avión con las piernas entumecidas le provocan malestar a cualquiera.
La llegada a BA fue lo que esperaba: una cola larguísima para sellar el pasaporte y muchos argentinos protestando, puteando a la piba que ordenaba la fila porque eran pocos atendiendo, "welcome home" pensé...
Adentro de la valija grande traía el blackberry camuflado, así que cuando pasé por el control puse todas mis energías en que me revisaran la chiquita. El gordo que revisaba el equipaje le dijo al de adelante: "No, no hay problem". Él convencido de que hablaba inglés, eso es catalán gordo:)
Pasan mis valijitas y cuando emerge la chiquita por debajo de los flecos de goma, el gordo me dice:
 G= Qué traés acá querida, cosas de fotografía?
 P= No, chucherías, bijou, un poco de todo.
 G= A ver, mostrame esas chucherías. ¿Dónde estuviste?
 P= (mientras sacaba el candado) En Londres, estudiando, un mes.
 G= Ah sí, ¿qué fuiste a estudiar, el idioma?
 P= No, actuación, y sí, de paso practiqué inglés.
 G= Ah, sos actriz! Mirá vos, recién pasó Daniel Araoz, lo viste?
 P= Sí !! Lo quise saludar pero tenía mucha gente adelante (mientras el gordo revolvía amablemente mis boludeces). Yo también hago humor, como Áraoz, pasa que todavía no me viste en la tele pero mirame la cara que un día de estos ya me vas a ver ahí. 
 G= jaja Claro que sí! dale, andá nomás querida, suerte, no te olvides de los pobres cuando seas famosa !!! 


Qué capo el gordo, además de ver que realmente tenía pelotudeces en la valija creo que le caí simpática, o solo era un gordo cholulo y por las dudas no me revisó más jajajaja.

Salí por la puerta y lo primero que vi fue la naricita del negrito en puntas de pie buscándome. Y los mocos se me aflojaron. Apareció mi papá por un costado y le hice carita de hola y seguí en dirección a chucho, al que me le abrojé como una garrapata y nos comimos a besos mientras la muñe decía "a ver hija, foto!!! " jajajaj Besos y fotos con todos, con la cara de hecha mierda que traía, y volví a garrapatear obvio..
Nos estaban esperando en lo de Laurita con empanadas y coca, y el zoo completo para darle la bienvenida a la tía viajera:)

Siempre me gusta volver a casa después de un viaje, aunque el ascensor no funcione y me tenga que subir los 4 pisos con las valijas. Aunque la ciudad se vea mucho más mugrienta que antes porque mis ojos se acostumbraron a la pulcritud de Londres. Aunque el Obelisco no tenga el brillo del Big Ben ni Corrientes se parezca ni un poquito a los Champs Elysees. Porque la casa de uno no se compara con nada, menos que menos si viene con amorcito incluido, al que extrañaste como una loca todos los días. Porque estuvo bueno viajar sola, tiene su mística, pero no podía dejar  de acordarme de él todo el tiempo, cuando veía alguna boludez que sabía que le gustaría, cuando quería hacer un comentario que solo él entendería, cuando comía algo rico, cuando miraba algo en el teatro, cuando me iba a dormir y me sobraba una almohada. Por eso esta vez me gustó más que nunca volver a casa. Él es mi ciudad preferida.


 

1 comentario:

Anónimo dijo...

snif, snif, se acabaron los cuentos del viaje!!!!!!!
vamos a extrañar a paolita viajera, pero bueno, al menos te tenemos acá :-)
bss
viole